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Navidad

La ciudad ilumina con cientos de lámparas de colores sus calles y plazas, hay conciertos navideño, ambiente entre las gentes que pasean por las calles mirando escaparates a la caza de ese último regalo, de lejos se escucha como un lotero ambulante: anuncia que lleva el premio gordo y lo del "niño". El cielo adquiere la tonalidad gris blanquecina de la niebla; esta atmósfera mágica que lo envuelve todo...

Esta fiesta se extiende desde Nochebuena hasta Reyes, llegando en muchos pueblos hasta  San Mauro, o San Antonio, fecha en la que comienzan las romerías del año.

La noche de Navidad es la más larga del año, cuando las tinieblas duran más tiempo, coincidiendo con el solsticio del invierno; pero triunfa la luz sobre las tinieblas: Cristo que nace triunfa sobre las tinieblas de la noche de este mundo.

En estas fechas se junta la familia, reina a alegría, nos visitan la nieve y nuestros mayores, al lado del fuego, recitan cuentos y leyendas. Tiempo dulce, suave y cariñoso, tiempo de deshoja del maíz, del fiadeiro, de la matanza del cerdo y de las labores textiles. Sirve para reforzar los sentimientos de la unidad familiar, pues en este día acuden a la casa paterna hijos y nietos; después da cena las gentes no tienen prisa en acostarse, vienen los vecinos, beben vino caliente con azúcar y miel, licor café, cuentan cuentos y entonan paños calientes.

Los chavales van al monte y recogen el musgo para hacer la Navidad, o Belén. Emplean serrín, papeles plateados, estrellas, sonajeros, harina, árboles, casitas, ángeles que dan la enhorabuena, labradores, mucha gente, pastores, el buey, la vaca, el niño que colocan en medio de un pesebre, a su lado la Virgen que tiene en el regazo a Dios y San Xosé de pie adorando al niño.

No falta el castillo de Herodes, encarnación de los hombres malos; tampoco el puente, el río, las lucecitas que se encienden y apagan dentro de las casitas de cartón. Las figuras que aparecen son hechas den corteza, de barro o de cartón. Semeja una aldea viviente en el fondo de un valle o en la cumbre de una montaña. Cada pueblo, o cada cultura, tiene su manera de hacer el nacimiento y festejar el Nadal.

Afincando en la capilla de San Cosme, en Ourense, nos encontramos con la visión cósmica que nos regala Baltar con su Belén ourensano. Baltar llena de vida el barro , los suyos personajes semejan los del Bosco, Goya o Miguel Ángel. Está puesto sobre un paisaje granítica imitando penedías cubiertas de musgo que baja desde las cumbres del Montelagre, y corriendo por allí un Arroyo. Los personajes están temblando de frío, junto al fuego que no calienta y sólo hace humo porque la leña es verde, otros dándole a la rueca, otros  amasando el pan cerca del horno.

Nos enseña hombres importantes ante el misterio, rapaces tullidos, "entangarañados", locos y marginados. No solo salen los vivos, sino también a los muertos de la ciudad. Une el mundo vegetal de los amieiros, castaños, robles y vidueiros con el mundo animal del gato, del burro y del buey que le del calor al niño y con el mundo humano de los senderos, romerías, pazos, bodegas y bolsillos de las ánimas.

Baltar recoge la vida del Ourense primitivo, típico y lúdico.

(Texto artículo extraído del libro "Ciclo Festivo Ourensano" de Enrique Bande Rodríguez y Luis Fernández Rodríguez.)

Los Maios

La fiesta de los maios se celebra desde las últimas noches del mes de abril y a lo largo del mes de mayo, pero tiene su cúlmen en el día tres, fecha que coincide con la festividad cristiana de la Santa Cruz.

En la capital de las Burgas existen dos tipos de mayos: los tradicionales o "enxebres", que son de forma piramidal o cónica: y los artísticos o de fantasía, que pueden representar desde un monumento artístico de la ciudad o de otro sitio hasta un muñeco de la televisión.

El origen de los primeros no se conoce, lo mismo que ocurre con los de Pontevedra, Marín, Redondela, Vilagarcía de Arousa, etcétera; aunque se diferencian de ellos en que suelen ser más altos y en que la mayoría tradicionalmente rematan con una cruz y, por debajo de ella, una forma de campana dentro de una circuferencia, que recuerda el hecho de que antaño llevaran en la cima colgada una campana que doblaban al andar; para que la gente supiera donde estaban. Un grupo de 1935 cantaba refiriéndose a la forma de su mayo:

"Es una pirámide
casi invencible
signo de la raza y de nuestra estirpe"

Los artísticos o de fantasía son mucho más recientes, pues datan de los primeros años del siglo pasado; aparecieron ya algunos poco antes de que se convocaran los primeros concursos , según dice Vicente Risco, y, toda vez que él nace en 1884, es de suponer que supiera como se habían desarrollado desde finales del siglo XIX.

"En Ourense, e incluso en Allariz, el Maio tiene forma, por lo regular de pirámide, y más raramente de cono. Estos son los Maios que hoy llaman "tradicionales" mas ya antes de haber sido instituída la fiesta de los Maios, con Certamen y premios, habían aparecido los que llaman "de fantasía" que representan torres, iglesias, castillos, molinos de viento, la "torre Infiel" (Eiffel) de París, la de la catedral de Ourense, el Puente Mayor, las fuentes de la Burga, del Posío, de la plaza del Hierro, hórreos, pajares, casas", hasta llegó a haber uno representando un carro con bueyes y el hombre con la aguijada; los hubo de movimiento, como un afilador cuya rueda funcionaba y cuya pierna se movía. Trabajos muchos de ellos muy bien hechos de verdadera dificultad e inventiva"

¿De que están hechos los Mayos? En 1962 decía Vicente Risco que sabía bien de la trayectoria seguida por los maios de su ciudad natal donde los últimos años del siglo XIX:

"El armazón es de palo, y por encima suelen ponerle, por lo menos modernamente, tela vieja de los sacos  (arpillera) para asegurar En ella el musgo tradicional que recubre todo, y encima del musgo le ponen algunas flores y espadañas. En la cumbre, el Maio lleva una cruz, y, a veces, debajo va una campana. Modernamente se introdujo adornar los Mayos con bugallos o carrabouxos hilados en un cordel, y se tiene dado el caso de algún Maio cubierto exclusivamente de bugallos".

De lo que se deduce que el empleo de la arpillera o saco para sujetar el musgo es, por lo menos, de finales del siglo XIX, mientras que los carrabouxos, que ahora constituyen uno de los motivos ornamentales más característicos de los maios ourensanos, son de introducción moderna, de las primeras décadas del siglo pasado.

Antes los Maios empezaban a recorrer la ciudad por la mañana, pasando todo el día actuando en las calles y en las plazas y, en general, donde hubiera mucha gente. Como recuerda Xaquín Lorenzo Fernández "la fiesta no remataba hasta el atardecer después de echar el mayo al río Miño".

Lo característico del Maio era el hecho de ser llevado a los hombros por varios niños recorriendo las calles. Al llegar la alguna plaza, un chaval se metía dentro y cantaba las coplas, y los otros las repetían alrededor, haciendo así que fuera el Mayo quien hacía la crítica?.

El Tío Marcos de la Portela del Castro de mayo de 1884 refiriéndose al día anterior, decía que "Los niños llevan por las calles cubierto de flores el maio y haciendo rueda con las manos cogidas cantan las coplas de costumbre"  por lo que es de suponer que fuera así como actuaban antiguamente.

Al rematar de cantar hacían una colecta entre los espectadores, a los que también les daban o vendían las coplas impresas.

(Texto artículo extraído del libro "Ciclo Festivo Ourensano"; de Enrique Bande Rodríguez y Luis Fernández Rodríguez.)

San Lázaro (17 de marzo)

El culto en Ourense al santo fecha del s. XI, en el que se le dedica una capilla llamada San Lázaro. También se le erigió un hospital en 1.191. Capilla y hospital estarían situados fuera de la ciudad, donde hoy se encuentra el colegio de Curros Enríquez.

Hoy la fiesta  perdió el sabor tradicional, pero sigue siendo objeto de celebración un día al año. Ese día en el Parque de San Lázaro se colocan las vendedoras de rosquillas, sigue viva la misa solemne y la tradicional procesión para finalizar con la famosa quema de las madamitas.

(Texto artículo extraído del libro "Ciclo Festivo Ourensano"; de Enrique Bande Rodríguez y Luis Fernández Rodríguez.)

Fiestas Mayores de Ourense

La fiesta del Corpus brota en una fecha en la que comenzaban a aparecer las herejías eucarísticas, y por eso el Papa Urbano IV institucionalizó una fiesta para toda la Iglesia en una bula que lleva por título "Transitus" en 1624. En la Península sabemos que se festejó primeramente por Levante y Aragón.

Ignoramos cuando se hizo en Ourense, pero suponemos que fue temprano ya que en 1354 el obispo don Juan de Cardallac  da una ordenanza regulando la procesión.

Al entrar en funcionamiento la línea de ferrocarril Ourense-Vigo y al salir las gentes en el mes de agosto a tomar baños de mar a Vigo, Baiona y Pontevedra se volvió a restablecer la fiesta del Corpus como la fiesta grande de la ciudad. A partir de 1901 se viene celebrando como tal.

La fiesta del Corpus tuvo desde sus orígenes dos caras indisolublemente unidas:  la sagrada o religiosa y la profana. Durante muchos siglos hubo en la fiesta una mezcla de elementos profanos (cantos, danzas, máscaras) y religiosos (procesiones, misas) y otros muchos ritos sagrados.

Haciendo una reconstrucción del siglo XIX sabemos que: 

A la víspera, al anochecer, se cantaban las vísperas solemnes en la Catedral con asistencia del pueblo barrían las calles, cubrían el suelo con ramos y hierbas, ponían tapices en las ventanas y balcones, erguían arcos de triunfo y altares portátiles de múltiples colgaduras y sembraban de pétalos de rosa a ciudad.

A la mañana siguiente, después de la misa, salía la procesión que constituía siempre el elemento más importante de la festividad.

"Llenaban los aires repiques de campanas y bombas. Ondeaban pendones. La procesión hacía paradas en las que niños vestidos de blanco recitaban versos compuestos para estos actos por D. José García Mosquera, D. Joaquín García Valderrábano y D. Matías Tundidor. Se recitaban también sonetos y odas  y se cantaban himnos a la entrada y a la salida de la Catedral.

Formaban también parte del séquito las autoridades civiles: el Sr. Gobernador, una comisión de la Diputación Provincial y del Ayuntamiento como Sr. Alcalde al frente, militares, religiosos y religiosas, instituciones recreativas y culturales y por último, detrás de todo, iba el pueblo creyente.

Nunca faltaban danzantes que interpretaban danzas procesionales delante del Santísimo al ritmo de las castañuelas, ni gremios, ni cofradías y comparsas.

La dimensión profana comenzaba a la víspera al mediodía con un repique general de campanas y con gran cantidad de voladoras llenando el aire, sonidos que anunciaban la fiesta del día siguiente.

Gigantes, cabezudos y comparsas recorrían la ciudad haciendo pantonímicas evoluciones. Músicos y gaiteros alegraban el ambiente con sus dulces sonidos poniendo en calles, plazas y esquinas una nota alegre.

Comparsas lujosamente ataviadas anunciaban la fiesta. Había disparo de cohetes, bailes de sociedad, derroche atronador de bombas, danzas, verbenas, globos ascendentes y juegos florales con premios a la calidad artística, literaria y artesanal. En el Posío había bailes campestres, música y gaiteros. También se celebraban exposiciones agrícolas y ganaderas.

Se hacían concursos de orfeones, llegados de diversas provincias para actuar en el Liceo Recreo, en el Clube de Artesans y en el cine Moderno. Había bailes de sociedad en la Alameda del Ayuntamiento y en la Plaza de la Constitución por el día y durante la noche en el teatro de la calle de la Paz.

También se organizaban actos culturales como audiciones musicales, conferencias, exposiciones, concursos de natación y festivales. Venían circos, tiovivos, barracas, churrerías, stands de tiro, puestos de almendras de Allariz y rosquillas de Ribadavia, pulpo y barquillos. De noche encendían el alumbrado público de aceite en la Plaza de la Constitución y utilizaban lámparas de arco voltaico para iluminar las fiestas.

No podía faltar tampoco la nota deportiva: carreras de bicicletas, descensos del Miño. Se representaban veladas musicales en la Plaza Mayor, en la Alameda, en el Jardín del Posío, en la Plaza de Abastos y en los Jardines de Concepción Arenal.

La organización de las fiestas era dual: el aspecto lúdico o profano dirigido por gremios y hermandades y el aspecto religioso regentado por los curas.

Actualmente Ourense vive en estas fechas de finales de junio sus fiestas grandes, en las que se suceden numerosos eventos culturales en forma de conciertos de música, de actos deportivos, celebraciones de diversa índole etcétera.

Se abren con una gran presentación en la Plaza Mayor y están acompañadas en la calle de pasarrúas, verbenas, actuaciones musicales y hasta un mercado medieval, sin olvidarnos de un clásico que siempre entusiasma a los pequeños de la casa: el desfile de las carrozas de la Batalla de Flores y los espectaculares fuegos artificiales.

(Texto artículo extraído del libro"Ciclo Festivo Ourensano"; de Enrique Bande Rodríguez y Luis Fernández Rodríguez.)

Samaín

Es una festividad cuyos orígenes son celtas, es nada más y nada menos que la despedida en términos grícolas del verano y la bienvenida al otoño.

Se celebra en la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre, los americanos lo popularizaron con su "Halloween", (tradición heredada de los emigrantes irlandeses), en Galicia se lleva celebrando secularmente, y aunque en algunos puntos se perdió la tradición, se sabe que hasta hace unos treinta años, la festividad estaba bastante extendida.

Considerado este momento del calendario en el mundo celta algo así como un "Año Nuevo", ya que este calendario partía el año en dos mitades, en el mes de octubre - noviembre empezaba la llamada mitad oscura "Samonios"; y en abril-mayo,  la mitad clara "Giamonios".

En Irlanda se conoce cómo Samhain, en gallego Samaín.

Se estudia actualmente la relación entre el uso de las calabazas y el culto a la muerte, siendo esta costumbre similar a las irlandesas; en algunos lugares hasta se conserva la calabaza y su cáscara o caparazón se seca para posteriormente utilizarla como máscara en el Carnaval.

Magostos-San Martiño

El magosto, fiesta de otoño, se conserva másen la Galicia interior, abundante en castañas. Ya quedaron atrás las tareas estivales:sSiega, malla, vendimia, cosecha y alguna labor de otoño como la plantación del centeno. Después de recogidas las castañas, se juntan las gentes para comerlas, descansar y beber vino joven; formando unas reuniones festivas que destacan el sentido de la unión del barrio, de la parroquia, del colegio, pueblo, agrupación cultural, política o recreativa por su matiz comunitario, reforzando así los vínculos de pertenencia a una comunidad.

Comenzó a hacerse el día de Santos y Difuntos por ser una comida de muertos, por lo que se celebraba en los atrios de la iglesias, pues en Galicia la parroquia de los vivos vive unida a la parroquia de los muertos. Con el paso del tiempo, en el s.V, se introdujo la devoción a San Martiño en Ourense, el santo se hizo patrón de la diócesis y la fiesta del pueblo, que era el magosto, se traslada al día de San Martiño. La importancia del San Martiño no viene del magosto, porque en esta ciudad el San Martiño tendría una fiesta de la misma importancia.

Pero en la provincia se sigue a hacer el día de Difuntos, a la noche, después de rezar por los muertos.

Así se va al hogar o a la bodega, se asan allí las castañas haciendo una comida ritual en memoria de los muertos.

Se celebra en las bodegas, al pié del horno, en los lares, en las eras del pueblo, en los jardines de villas y ciudades y principalmente en el monte.

El monte es el lugar idóneo, porque esta fiesta se hace en el mundo no humanizado. El magosto pertenece al monte y a los muertos, muertos que no andan por los caminos de los vivos que andamos por las calles, caminos y carreteras; los muertos son los de la noche, andan por los montes, en el espacio no habitado, en los bosques, en los molinos y al pié de los ríos.

La Santa Compaña y el Urco no se presentan de día, sino de noche, aparecen en los caminos viejos, en los descampados, nos montes. Como el magosto es una fiesta de los muertos debe hacerse en el monte.

No se trata de una fiesta urbana, sino de una fiesta del medio natural, del monte de la naturaleza inculta del espacio no habitado. Concretamente en Ourense el magosto tuvo éxito cuando se hizo en Montealegre, en las cumbres pedregosas de Piñor, en la costiña de Canedo y en el pico del castillo Ramiro; cuando se oficializó y se trajo al campo de los Remedios, a la Alameda del Ayuntamiento, a la Finca Sevilla.

Posee un carácter festivo y jubiloso, de acción de gracias por los frutos recogidos, también un carácter heroico de homenaje a la castaña y al vino. Tiene un carácter sagrado, por sacralizar la leña, el humo, el vino, el monte y las castañas. La castaña simboliza la vida y la muerte porque hincha, crece y revienta; por eso se escoge en algunas parroquias el atrio de la iglesia como lugar para hacerlo en el día de los Difuntos, como invitando a esta reunión a los difuntos.

Brota mucha creatividad e imaginación en él, porque cada grupo realiza su magosto sin unas normas fijas.

El magosto está inmerso en un triple contexto: agrario, lúdico y sagrado que contribuye a convertirlo en un auténtico y expresivo ritual colectivo.

Al acabar el magosto hay que dar muerte a un fuego ritual. Murió la castaña explotando, o ardiendo, y nace la vida con la alegría y el placer del vino joven que hace resurgir a las gentes dándoles creatividad, imaginación y ganas de saltar y bromear.

La castaña en el erizo,
El erizo en el castaño;
No te enamores niña 
Del hijo del marinero.

(Texto artículo extraído del libro"Ciclo Festivo Ourensano"; de Enrique Bande Rodríguez y Luis Fernández Rodríguez.)